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GLAMOUR Y ÉTICA DEL CONTRABANDO

GLAMOUR Y ÉTICA DEL CONTRABANDO

septiembre 13, 2016 3:15 pm by: Categoría: Opinión Comentarios desactivados en GLAMOUR Y ÉTICA DEL CONTRABANDO A+ / A-

Al Capone, Marcial Dorado, Laureano Oubiña, Han Solo, Chewbacca… Los nombres de los más famosos contrabandistas de todos los tiempos –ya sean reales o ficticios- están repletos de un halo de aventura especialmente atrayente para el cine, la literatura o el político de turno con ánimo de ascender escalones en la escala social.

¿Ocupación? Contrabandistas, pero también mafiosos, piratas, bandoleros o bucaneros para completar su currículum. Lo mismo da si nos situamos en la Galicia de los años 80, en la Andalucía del XVIII o en la última de Star Wars, el tráfico ilegal viene alimentando la inspiración de las musas desde que el arte recibe su nombre y lo que antes cantaban coplas ahora lo ensalza la última campaña de marketing de una conocida marca de güisqui.

Cierto que algunos de los personajes mencionados son solo eso, ficción, pero cuando saltamos a la vida real, ¿por qué esa tolerancia con el impago de derechos? ¿Por qué son los “paqueteros” vistos con cierta simpatía por buena parte de la ciudadanía? ¿No supone su actividad una forma de robo a todos los que dejan de beneficiarse de los servicios públicos que no se han materializado por la pérdida de aranceles no recibidos? ¿Por qué la compra de artículos de contrabando no solo no está recriminada socialmente, sino que goza incluso de reconocimiento entre una parte de la población?

La ley seca quedó atrás hace tiempo, los motivos para saltarse la ley son ahora de índole económica amparada por la ausencia de ética. La diversificación de todo tipo de servicios y productos low cost y el insaciable consumismo de nuestra sociedad empujan a una buena parte de la ciudadanía a adquirir bienes de dudoso origen. Parece que el bolsillo propio y la inmoralidad –y en el mejor caso la falta de conocimiento- priman sobre el bien general: el egoísmo sobre la responsabilidad como consumidor, aquella que debería empujarnos a no contribuir al comercio ilícito y el contrabando.

¿Cuál es el papel de las artes en esta imagen aventurera y glamurosa del contrabandista? La respuesta es clara: la de un cincel que esculpe lasca a lasca una visión inocua que cala como fina lluvia en el imaginario colectivo y que dificulta la lucha contra el delito del contrabando. Sin buena imagen no hay compradores; sin demanda, no hay comercio.

La ficción y sus edulcorados contrabandistas nos obligan a reflexionar, a evaluar la imagen que proyectan y el papel que cada uno de nosotros juega en la lucha contra el comercio ilícito en cualquiera de sus formas. Alterar nuestro rol en este viciado ecosistema es clave para seguir asfixiando el contrabando.

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