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CIENTÍFICOS VENDIDOS A LA INDUSTRIA TABAQUERA

CIENTÍFICOS VENDIDOS A LA INDUSTRIA TABAQUERA

junio 11, 2018 8:15 am by: Categoría: Opinión, Tabaco Deja un comentario A+ / A-

El poder de las tabaqueras es un hecho innegable hoy en día, cuando se presentan como las abanderadas de la lucha contra el contrabando e incluso consiguen que la Unión Europea baraje la posibilidad de utilizar los sistemas de trazabilidad Codentify o Inexto, presentados precisamente por éstas. Pero ese poder no es nuevo.

Naomi Oreskes y Erik M. Conway analizan en su libro ‘Mercaderes de la duda. Cómo un puñado de científicos oscurecieron la verdad sobre cuestiones que van desde el humo del tabaco al calentamiento global’, la forma en la que los presidentes de las cuatro tabacaleras más importantes de EEUU financiaron investigaciones para deslegitimar las distintas acusaciones que recaen contra el tabaco como sustancia dañina para la salud.

El informe de 1979, un producto dela tabaqueras para el mundo

Era 1979 cuando el que fuera presidente de R.J. Reynolds, Colin H. Stokes, invitó a un grupo de directivos de la industria del tabaco a una reunión con el físico Frederick Seitz. ¿El objetivo? Presentar un proyecto de financiación de investigaciones biomédicas llevadas a cabo por universidades, hospitales y otras instituciones.

Lo que pudiera parecer una iniciativa en aras de mejorar la salud, dado que estudiarían enfermedades como el cáncer, la diabetes o las cardiopatías; no era sino un arma de doble filo, porque quien se encargaba de dirigir en la sombra esas investigaciones sería, nada más y nada menos, que la tabaquera anfitriona de la reunión.

Presupuesto de 45 millones de dólares

45 millones de dólares (38,2 millones de euros) repartidos en seis años. Esa era la meta de un programa que logró financiar 26 proyectos y otorgar seis becas de investigación a otros tantos científicos. Seitz controlaba y la tabaquera Reynolds era informada de los avances. Pero, ¿es que las tabaqueras habían desarrollado un interés repentino por el bienestar y la salud de fumadores y no fumadores? Nada más lejos de la realidad, aunque así se desprendiera de algunos documentos de  R.J. Reynolds.

Tal y como explican Oreskes y Conway en su libro, “el objetivo principal […] repetido en numerosos documentos de la industria del tabaco, era desarrollar «un amplio cuerpo de datos científicamente bien fundamentados útil para defenderse de los ataques a la industria»”. “Es indudable que algunos científicos rechazaron la oferta de financiación de la industria del tabaco, pero otros la aceptaron, presumiblemente pensando que en realidad no importaba quién pagase mientras pudiesen hacer ciencia”, continúa el texto.

La ceremonia de la confusión

Resulta alarmante comprobar el poder que las tabaqueras tenían ya en 1979, cuando eran capaces de comprar a científicos para que elaboraran informes que favorecieran a su negocio, financiando lo que los autores del libro definen como “investigación de distracción”, es decir,  “combatir la ciencia con ciencia… o al menos con los vacíos e inseguridades de la ciencia existente y con investigación científica que pudiera utilizarse para desviar la atención del hecho principal”.

La de Oreskes y Conway es, sin duda, una aportación interesante que dibuja la red de intereses de las tabaqueras más importantes del mundo en el pasado. Una red que, lamentablemente, se ha extendido hasta nuestros días.

NOTA: Si quieres leer el fragmento en el que se narran los detalles de este programa financiado por las tabaqueras, puedes hacerlo aquí.

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